lunes, 17 de diciembre de 2018

DEMENCIA DIGITAL, ¿LA ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI?


Hay una palabra inglesa (Smart) que rápidamente se ha ido adjuntado como prefijo a otros términos –también ingleses- para calificar a los nuevos dispositivos: surgieron así los smartphones, smartglasses o la smartTV. Sin embargo, y curiosamente, de tan inteligentes que son estos aparatos nos están volviendo a los usuarios cada vez menos “smart”, menos inteligentes, hasta el punto que se está demostrando que el uso continuado de estos ¿teléfonos? (quizás lo deberíamos llamar mini ordenadores) están mermando las capacidades intelectivas de las personas, naciendo así el término de “demencia digital”. Antes de adentramos -a continuación- en este post, ¿recuerda usted los dígitos de los teléfonos de -al menos- diez de sus amigos y otros diez de su familia más próxima?


Los smartphones recuerdan por nosotros citas, teléfonos, datos; y nos
olvidamos 
de memorizarlos,atrofiando nuestro cerebro
Los expertos en neurociencia sospechan que difícilmente apenas haya gente que recuerde tantos números de teléfono. Por otro lado, ¿para qué hacer semejante esfuerzo si hoy cualquier smartphone más simple es capaz de almacenar en la nube millones de datos? Sin embargo, y precisamente, de ese gran potencial que nos ofrecen estos teléfonos/ordenadores, el cerebro humano ha ido dejando, poco a poco, de desarrollar la capacidad para retener este tipo de información. Quien haya tenido que andar con muletas o tener el brazo en cabestrillo -al menos un mes- se habrá dado cuenta que toda la musculatura se pierde en apenas unos días, siendo necesario acudir a rehabilitación para coger tono muscular. Pues algo similar sucede con nuestro cerebro cuando ya no tiene que hacer esos pequeños “esfuerzos” para memorizar números y asociarlos con determinadas personas; y de ahí que muchos expertos converjan en denominarlo como demencia digital. Es más, prueben en la próxima comida o cena cómo para dividir la cuenta de un restaurante entre un número menor de 10 personas algunos de los comensales tendrán que echar mano del propio teléfono para efectuar la división. Es, en realidad, una triste forma de “atrofiar” el cerebro.

En torno al teléfono, además, según neurocientíficos, se ha creado una enorme adicción. Ya resulta una imagen habitual –casi como parte del decorado de la mesa, junto a los platos y las copas- ponerlo en la mesa cuando se va a comer o a cenar, ya sea en una reunión de familia o de trabajo; se pierde el “horizonte” de quién es importante en cada momento…Si estamos en una reunión o simplemente en una comida familiar, como apuntaba el gran Javier Urraen este blog, “lo importante son esas personas que están conmigo en torno a la mesa, y en ellas debo centrarme”, recordaba Urra a propósito del uso del mismo.

Esta adicción llega –entre los adultos y también entre los menores de edad- a intentar alcanzar dispositivos cuyos precios superan el millar de euros, sólo ya por un mero hecho de distinción social: tal teléfono tienes indica tu estatus social.


smartphone, niños
Una imagen cada vez más recurrente: ver grupos de niños cada uno con un móvil interactuando a través de una
plataforma de mensajería móvil.

Dopamina, ¿qué es?
De un vistazo, la dopamina es un neurotransmisor con múltiples e importantes funciones dentro del sistema nervioso. Aunque asociada como la causante de las sensaciones placenteras y la sensación de relax, la dopamina además influye en todo el funcionamiento del cerebro en general y –más particularmente- en los procesos emocionales y cognitivos. ¿Y por qué hablar de la dopamina en este contexto, en un post sobre smartphones? Pues porque se ha constatado un uso elevado de los menores, ya incluso desde edades muy tempranas (alrededor de 1 año), con los smartphone. Según los neuroeducadores los niños no están preparados (cerebralmente) para usar estos dispositivos; y menos aún para ser usados prácticamente desde que se levantan hasta que se acuestan; tanto las familias como los docentes deben hacer un uso racional de estos aparatos. Las luces provenientes de los led de la pantalla, a tan corta distancia, anulan la segregación correcta de dopamina, interfiriendo así en los procesos cognitivos de los niños. Según un estudio realizado con ratones, expuestos a pantallas de teléfonos móviles, éstos tuvieron que invertir hasta 3 veces más de tiempo para salir de un laberinto frente a aquellos que no habían sido expuestos a ninguna luz artificial de pantallas.

Observamos así, y como ya hemos comentado anteriormente en otros post, que en el medio está la virtud. No se trata de anularles –y menos de repente- que los niños puedan jugar con un smartphone o una consola de juegos; de lo que se trata es de educar en un buen uso, no prohibirlos, limitando el tiempo máximo de exposición a estas pantallas. Y, por supuesto, ser vigilantes para evitar que el uso de un dispositivo electrónico sea la excusa para dejar de jugar con otros niños en un cara a cara en el parque, leer plácidamente un libro o jugaral ajedrez.