jueves, 6 de julio de 2017

VERANO, EL MOMENTO PARA JUGAR

La etapa estival abarca más de 60 días donde los alumnos - si han aprovechado de manera óptima el curso- podrán disfrutar de un merecido descanso. Y aquí es donde, cómo no, también surge una disquisición: ¿deben los alumnos a pesar de sus buenas notas hacer algunas tareas? Habrá quien opine que sí, por aquello de que “el verano es muy largo y no pasa nada por dedicar media hora al día”; y habrá quien opine que el verano está (si hubo buenas notas, aprobadas al menos, en todas las asignaturas) para divertirse y jugar. Y de eso va precisamente este post, de la importancia del juego.

Los expertos en pedagogía (re)afirman los excelentes beneficios que el juego tiene en los niños. Además, ofrecen unas pautas –lógicas para quienes vivieron su infancia sin “tecnología” (hablamos del Spectrum y de aquellas primitivas consolas de vídeo juegos de 8 bits)- como por ejemplo que los niños pasen el mayor tiempo posible al aire libre y que los juegos sean en común con otros niños.



Ya hablamos hace muchos meses en este blog de la importancia de los parques infantiles como elemento socializador; muchos niños bajaban/bajan al parque para encontrarse con otros niños con los que jugar. Además, con los parques infantiles los niños aprendían a respetar turnos por subirse al tobogán, el columpio, pedir que otro niño jugara en el balancín… La carencia de juguetes se suple siempre con creces con un elemento que los niños poseen en exceso: la imaginación; de ahí que les sea extremadamente fácil  jugar con otros niños desconocidos a juegos que ellos mismos inventan o bien clásicos como el escondite, la pita, etc. No en vano, y según un estudio realizado por Petra María Pérez Alonso-Geta, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia y miembro del Observatorio Infantil del Juego, la actividad preferida por el 90% de los niños en su tiempo libre (por encima de cualquier otra) era jugar con otros niños.



Lo idóneo para el máximo disfrute de los niños durante el largo y cálido verano sería que éstos pasasen el máximo tiempo posible al aire libre. Estar fuera de casa posibilita que puedan correr, saltar, “mancharse” (echemos un vistazo a un niño en un parque cualquiera…no tendrá ningún reparo en ensuciarse; para él forma parte del juego), jugar a ser exploradores de ese parque (ligado a ese factor de explorador, tomar riesgos y saber esquivarlos). Implícito al juego al aire libre (fútbol, bicicleta, comba, etc.) hay un extraordinario ejercicio físico a la par que aprenden normas para socializarse entre ellos, aprendiendo a negociar normas, interactuando, etc.

El verano además es ese periodo donde la familia puede cambiar “de aires”, pasando de la ciudad al pueblo, a la montaña, la playa…ubicaciones perfectas para que los niños continúen con su faceta exploradora, descubriendo nuevos mundos que les permita hacer volar su imaginación, conociendo nuevos amigos; en definitiva, forjando su personalidad y ayudándoles a socializarse.

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