viernes, 5 de mayo de 2017

“EL ENTORNO DEL ALUMNO CONDICIONARÁ SU FUTURO (ACADÉMICO Y PROFESIONAL)”

En Singladura abordamos diversos tópicos de la Educación desde diversos flancos: docentes, familias, colegios; contactamos con especialistas en la materia que arrojen luz sobre las mejores prácticas para (intentar) lograr el mejor resultado académico posible. Un aspecto de enorme trascendencia para las familias –por extensión, también para los Centros Escolares- es la orientación profesional de cada niño a lo largo de su etapa educativa. Y, para ello, hablaremos de podas neuronales, circunstancias que –desde niños- nos predisponen a reconducir el potencial de cada individuo.

Para Juan José Juárez, coordinador nacional del Proyecto de Orientación Profesional de la Fundación Bertelsmann, las capacidades que pueda desarrollar una persona a lo largo de su vida dependerán de cómo se estimulen determinados conceptos durante los primeros años (infancia) y en la adolescencia.


Así, Juárez estima que antes de los 3 años de edad se produce esa primera poda neuronal; en tanto en cuanto es durante esta primera etapa de la vida donde el niño desechará determinadas capacidades (musicales, artísticas, etc.) debido –en gran parte- a una nula estimulación de las susodichas en el entorno familiar.
Obviamente, el desarrollo de éstas dependerá en gran medida del entorno en el que se críe el niño: si éste vive en un ambiente “musical”, con padres músicos y/o aficionados a la música y que toquen diversos instrumentos, la posibilidad de que el niño se decante en un futuro por esta disciplina es mayor respecto a niños que viven en un ambiente sin connotaciones musicales. No obstante, no implica que dicho niño pueda desarrollar en posteriores etapas de su vida gusto por la música y el aprendizaje de la misma con total éxito.

Adolescencia
Con la llegada de la adolescencia se produce la segunda poda neuronal. En esta etapa de la vida el alumno empieza a ver más próximas las sendas de su futuro profesional. Y aquí es donde las calificaciones de las asignaturas pueden hacer mella en el estudiante: si obtiene calificaciones muy bajas en determinada materia, lo más probable es que éste sienta rechazo para desarrollar un empleo relacionado con aquella asignatura; es más, los padres –erróneamente- analizarán en qué asignaturas sus hijos se encuentran “fuertes” para motivarles a que encaminen su vida profesional en torno a éstas. Por ello, es clave ayudar a desarrollar las inteligencias (capacidades) más plasmadas para dar mayor amplitud al desarrollo.

Así pues, si pudiéramos establecer las líneas que apuntan a un futuro éxito profesional del hoy estudiante, sin duda cabría remarcar que el puesto de trabajo no está en manos de quien posee el mejor expediente académico, sino de aquellos que son capaces de desarrollar mayores habilidades sociales”.


Y, por añadidura, para las personas que sean capaces de adaptarse de manera rápida a los cambios, ser “resilente”; y esto se consigue trabajando habilidades artísticas, técnicas de relajación y reflexión. Por último, Juárez pone el foco en los padres para que éstos ayuden a sus hijos a desarrollarse en un entorno multicultural.

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