miércoles, 1 de febrero de 2017

"EL PROFESIONAL DE LA DOCENCIA DEBE OSTENTAR LA MÁS ALTA CUALIFICACIÓN POR SU RESPONSABILIDAD EN LA SOCIEDAD"

En Singladura, como especialistas en mobiliario para el sector educativo, sabemos la importancia de conocer -y poner en práctica- las últimas tendencias en educación. Durante las próximas semanas vamos a hablar de términos, en cierta manera novedosos, como gamificación, mindfulness o neurociencia, entre otros. Para conocer más sobre estas tendencias en Singladura contamos con la opinión de las voces más autorizadas a nivel mundial. ¿Ostenta el docente el papel (relevante) que debiera en la sociedad?, ¿cómo influyen las emociones en la educación? Éstas y otras cuestiones tienen ahora ya respuesta gracias a D. Francisco Mora, doctor en Medicina por la Universidad de Granada y doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford (Inglaterra); catedrático además de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y -también- catedrático Adscrito del Departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa en EE.UU. Mora es miembro del Wolfson College de la Universidad de Oxford.

¿Qué es la neurociencia y cómo influye ésta en la educación?
Neurociencia refiere al estudio del cerebro y cómo éste funciona. Neuroeducación es una nueva aproximación a la enseñanza (alumnos y docentes) basada en cómo funciona el cerebro.


"Un maestro debiera ser la joya de la corona de un país porque de él depende, en enorme medida, qué ciudadanos vamos a tener"

Habló usted hace unos meses de la figura del “neuroeducador”. ¿Qué es un neuroeducador y qué particularidades debe poseer?
Es una propuesta de futuro que expuse en mi libro NEUROEDUCACION. Allí expando la idea de que el neuroeducador sería un profesional de la enseñanza entrenado con una perspectiva interdisciplinar capaz de hacer de puente entre los conocimientos sobre el cerebro -y cómo funciona- y los maestros, ayudando a estos últimos a conocer de modo crítico los avances acelerados que se producen en la enseñanza y su aplicación tanto a la educación como a la instrucción en un colegio. Por otro lado, el neuroeducador debería ser capaz de detectar los errores, falsedades y mitos que se “venden” sobre el funcionamiento del cerebro y su posible aplicación en la enseñanza. Y añadido a ello, la capacidad de detectar síntomas sutiles en los niños que puedan interferir en su potencial de aprender en el colegio. Piense que se estima en un 23% los niños de un colegio que pueden presentar problemas a la hora de aprender y memorizar. Si como se viene especulando las profesiones a las que se enfrentarán los niños que nacen ahora bien pudieran ser nuevas en un 65%, la de neuroeducador, se lo puedo asegurar, será una de esas nuevas profesiones.

Por cierto, ¿considera que es adecuada la formación universitaria de los docentes (acorde con los tiempos actuales, principalmente)? ¿Cuáles deberían ser los principales aspectos de mejora?
Déjeme que le conteste centrándome ahora en el Magisterio. Los estudios de Magisterio necesitarán de una adecuación importante a los tiempos que corren. Un maestro debiera ser la joya de la corona de un país porque de él depende, en enorme medida, qué ciudadanos vamos a tener, Y este país necesita mucho, mucho cambio en la educación; y pasar del “pillo” y “pícaro” y deshonesto a ciudadanos con valores que respetan las normas que se instrumentan por la cultura en que se vive. Se necesita reconstruir el sistema educativo a muchos niveles. Es preciso que nos demos cuenta que los valores y las normas no se pueden ya entronizar en el bachillerato -y ni tan siquiera en la ESO-, sino que hay que comenzar con los niños a los 3 años. Yo he puesto mi granito de arena en estos temas en mi último libro CUANDO EL CEREBRO JUEGA CON LAS IDEAS hablando de modo asequible (espero) sobre la educación, la libertad, el miedo, la dignidad, la igualdad, la nobleza, la justicia, la verdad, la belleza, la felicidad…
Mora apuesta por una mayor relevancia de los docentes como profesionales influyentes.

¿Cómo afecta la neuroeducación en la formación del alumno según etapas educativas? (es decir, en infantil prácticamente aprende jugando, y a medida que crece deja el juego para centrarse en el estudio ¿Sería esto correcto?
Si, con matices. Jugar es aprender, no perder el tiempo. El juego es absolutamente necesario en las primeras etapas. De hecho, como yo suelo decir, “el juego es el disfraz del aprendizaje”. Por eso recomiendo los primeros años de la primaria, (y por supuesto infantil) y aun en todo el ciclo si se me apura, que no haya deberes en casa. La estructura del colegio debe cambiar para que todo aquello, al menos en lo referido a la instrucción (lengua, lectura, escritura y matemáticas) sea íntegramente circunscrito a los tiempos de enseñanza en el colegio; y solo la educación (propiamente en valores y normas) ser compartida con los padres. Resulta indudable que el binomio familia-colegio necesitará también adaptarse a la nueva realidad social.

Jugar es aprender por uno mismo y adquirir con ello capacidades de autosuficiencia. El aprendizaje en las primeras etapas viene dirigido por códigos cerebrales con los que el niño mide distancias con su entorno, aprende inconscientemente y pone en marcha los programas cerebrales sensoriales y motores para realizar una conducta normal. Con el juego el niño aprende a reconocer su propio cuerpo y su entorno: lo que ve, toca u oye, y aun huele o lame, con los movimientos que realiza. Son los tiempos de aprender “perceptos” (sensorialidad) y aprenderlos bien si se quiere avanzar en el proceso del aprendizaje de los conceptos, las ideas, los abstractos.
Jugar, jugar y jugar. Eso es lo que deben hacer todos los niños en sus primeros años. 


Programas sensoriales y motores, que muy poca gente sabe que necesitará utilizarlos cuando sea adulto para realizar esa conducta normal que acabo de mencionar. Y es –precisamente- en etapas posteriores a partir de los 6-7 años que los perceptos y los actos motores más elementales siguen paralelos al comienzo del aprendizaje de los abstractos y las ideas. Solo aprendiendo bien, lo repito, los “perceptos”, se aprenderán bien luego los conceptos.

¿Hasta qué punto la felicidad interviene en el proceso educativo?
La felicidad es un concepto en general mal entendido, y siempre confundido con el placer. Estos dos conceptos, placer y felicidad, son en realidad antagónicos. Precisamente debemos aprender que la felicidad asoma cuando se desvanece el placer. Y aun la felicidad como tal, absoluta, no existe. El ser humano solo alcanza en la vida lo que llamo “parpadeos de felicidad”, momentos de bienestar, casi contemplativos en la vida y que devienen precisamente tras esfumarse el placer. El placer, tantas veces, conlleva sufrimiento lograrlo. La felicidad es precisamente la ausencia de sufrimiento. Por eso esta última, la felicidad, siempre deviene cuando se ha desvanecido el placer. Ingrediente de la felicidad es la alegría y yo sostengo que aprender de modo sólido solo se puede hacer con la alegría. De modo que sí, “parpadeos de felicidad” son necesarios para poder aprender bien en la vida.

¿Qué valor tiene la familia en el proceso educativo?
La familia es algo fundamental. Y siempre en concierto con el colegio y los valores y normas que se enseñan en el colegio. En esa relación familia-colegio no debiera haber absolutamente ninguna dicotomía; es decir, debieran ir al unísono. Este es, familia-colegio, un gran capítulo en educación que debiera contemplarse e instrumentarse como pivote en el nuevo pacto de estado para la educación.
La familia juega un papel principal -según Mora- en su relación con la escuela así como los valores y normas que ahí enseñan al alumno.

Esta podría ser la pregunta del millón que cualquier profesional de la docencia quisiera saber. ¿Cuál es la clave para mantener el interés despierto en los alumnos después de 4 horas de clase?
Mucho descanso entre clase y clase. Y hacer en cada clase curioso lo que se enseña. Estamos comenzando a ver que más vale 50 clases de 10 minutos que 10 clases de 50 minutos. O si lo prefiere de otro modo, descansos de 5 minutos entre cada diez de contenidos reglados. El proceso atencional tiene un “tempo”. Y hoy comenzamos a saber de esto mucho, y que no es lo mismo en los niños, los jóvenes, los adultos o los ancianos. Y de hecho, estos conocimientos acerca de la emoción-curiosidad-atención-conocimiento revolucionarán la enseñanza en todo su arco, desde la infancia hasta los estudios universitarios; y más allá en los estudios para adultos, en muy pocos años.

Tomando como referencia a Finlandia, en este país nórdico los niños no aprender a escribir hasta los 7 años de edad. En España, sin embargo, con la misma edad, nos encontramos en una carrera por ver qué colegio va más avanzado en la enseñanza de la escritura. ¿Qué modelo es -a priori- mejor?
El mejor modelo es conocer los tiempos de desarrollo y madurez del cerebro en relación a lo que hay que aprender y cuándo. En la lectura tenemos muy claro que los circuitos neuronales para su aprendizaje, en la mayoría de los niños, no maduran, es decir no terminan su construcción neuronal-mielínico-sináptica hasta los 5-6 años. Posiblemente en el arco de la diversidad de todos los niños, en donde unos son muy “tempranos” y otros “más tardíos” el mejor método es comenzar a los 7 años. Eso hace Finlandia.

Aunque el fin último –técnicamente- del colegio es aprender; las notas las evaluaciones, establecen la diferencia entre pasar (o no) de curso. ¿Hasta qué punto existe un temor –quizá miedo- de los alumnos ante el fracaso respecto a sí mismos y/o sus padres? ¿Cómo actúa dicho temor en el alumno de cara a enfrentarse a los exámenes?
El miedo en el colegio es un capítulo muy importante. Dediqué un largo capitulo a ese tema y la educación en mi libro reciente ¿ES POSIBLE UNA CULTURA SIN MIEDO? editado por Alianza Editorial. Me atrevería a decir que lo recomiendo a todo aquel interesado en estos temas y en lo último conocido de la epigenética que es la posibilidad de que los padres puedan transmitir por herencia los propios miedos que ellos mismos han sufrido, lo que sin duda tiene implicaciones éticas nunca hasta ahora consideradas posibles.

Ciudadanos en su proyecto político apuntaba a la necesidad de un “MIR docente”. ¿Cuál es su opinión?
Mi opinión es que sí es una buena idea. Un MIR largo como el de Medicina. Un MIR combinando y tutorizado en la práctica del día a día del colegio. Un MIR que nos lleve a tener maestros “maduros” en edad, emoción y conocimientos. Auténticos y buenos maestros que, como en otras profesiones con una alta responsabilidad, como pudieran ser los galenos, no tuvieran plena autonomía en la enseñanza antes de los 28-30 años. Pienso que el maestro, el profesor, debiera ser una de las profesiones de más alta cualificación y responsabilidad en una sociedad. De ellos depende, como creo haberle ya dicho en otra pregunta, que tengamos ciudadanos honestos, responsables; privilegios que solo alcanzan quienes han aprendido bien y a la edad que corresponde, valores y normas. Y esto –crear los mejores ciudadanos- sólo es posible de la mano de unos buenos maestros.

De la LODE a la extinta LOMCE hemos pasado por otras LO (y las que faltan). ¿Cuándo cree usted que se producirá el punto de inflexión para que la clase política deje de producir leyes (para que otros las deroguen años después) y se centren en lo verdaderamente importante?
Cuando hay buenos maestros las leyes pasan a un segundo plano. Y eso aquí no ha sido nunca entendido. Espero que el pacto de estado por la educación que se avecina contemple en profundidad toda la dimensión de lo que acabo de decir y se centre -como usted- dice en lo que es verdaderamente importante.

Siempre ponemos a Finlandia como el “sumun” en Educación. Sin embargo, las últimas pruebas PISA ponen de manifiesto que hay colegios en España que adelantan (y por mucho) a estos países. ¿Qué estamos haciendo tan bien y que no comunicamos? O dicho de otro modo, ¿Por qué no se puede extrapolar el trabajo de un centro con una alta nota a aquellos donde suspenden PISA?
La idea es algo no siempre posible. Y esto es la enseñanza (instrucción) individualizada aun cuando la educación (valores y normas personales y luego sociales) sea común a todos. Y todo esto me lleva, de nuevo, a que en cualquier caso todo depende casi siempre de un buen maestro. Me refiero a un maestro maduro, dedicado y formado en los nuevos conocimientos que aporta conocer el desarrollo del cerebro y sus funciones a lo largo del arco vital humano.

¿De que manera las nuevas tecnologías TIC y particularmente INTERNET está influyendo en las enseñanzas regladas y hasta en la misma educación de los niños? ¿No cree Usted que este es un capítulo importante para los tiempos que corren?
Sin duda lo es pues hoy comenzamos a saber de su interferencia en los niños y jóvenes con la atención ejecutiva tan fundamental para el estudio. Y, en general, cómo ello afecta tanto al aprendizaje como la memoria en el colegio. Hay problemas además con funciones como las cognitivas y la propia emoción. Problemas con la empatía, la impulsividad (pérdida del autocontrol) y el desarrollo de conductas pausadas que exigen tiempo y reflexión. En Internet todo se hace rápido y ello comienza a tener reflejo en conductas de los niños en las que se exige placer inmediato, (todo hay que hacerlo "ya", “ahora”; y obtener recompensas con la misma inmediatez). Y lo más grave es que las redes sociales están construyendo “falsificaciones” de las propias personas, en tanto en cuanto aparecen como reflejo de uno mismo.

Yo sostengo que un niño no debiera navegar por Internet antes de los 4 años y, cuando lo hiciera a partir de dicha edad, siempre bajo supervisión familiar, guiado por los padres. Claramente es este un mundo nuevo.

Usted defiende que en el centro de toda enseñanza, es decir tanto alumnos como maestros, la emoción es muy importante. ¿Acaso no es la razón el referente más importante para la enseñanza?
El funcionamiento del cerebro hoy nos lo enseña la ciencia del mismo, la Neurociencia. No hay razón, ni sensorialidad, ni conducta, sin emoción. No se puede aprender ni memorizar nada más que aquello que se ama, aquello que te emociona, que te dice algo; aquello que sobresale de la monotonía. La emoción enciende la curiosidad y con ello la atención. Y sin ello no hay conocimiento. Como he declarado de modo muy reciente en otra entrevista, los mecanismos de la emoción embeben todas las funciones del cerebro, incluido el propio pensamiento. Sin emoción no hay conocimiento pues la emoción es la energía que mueve el mundo. Ni tan siquiera podrías estar vivo sin emoción. Entender esto bien es el gran capitulo de la enseñanza hoy.





Tel: 91 776 25 70