jueves, 5 de mayo de 2016

EL FUTURO DEL LIBRO DE TEXTO

Si tienes más de 45 años, y rememoras tu etapa escolar, muy probablemente te vengan a la mente imágenes muy características de los colegios de aquella época: las pizarras verdes, tizas, láminas de España, diapositivas y la “colección” de libros de texto prescrito por una editorial concreta; a veces, el contrato entre el centro escolar y la editora se dilataba tantos años en el tiempo que los mismos libros podían heredarse entre hermanos y casi de padres a hijos. Y llegó el siglo XXI…

Y aunque la confianza de los colegios en las principales empresas editoras de libros de texto continúa, los directores pedagógicos –de manera unánime- buscan nuevos contenidos que satisfagan a los alumnos más despiertos. Además, quién prefiere explicar con las viejas diapositivas el aparato circulatorio si hoy lo podemos hacer en color, en 3D y hasta introducirnos dentro de las arterias. Por otro lado, las redes sociales han propiciado que muchos docentes –auténticas eminencias en su materia- hayan sabido labrar su marca personal, elaborando contenidos con un valor realmente elevado; y existen unos pocos colegios –tendencia al alza- que están dispuestos a pagar un sobre coste por adquirir diversas “píldoras” del profesor equis. Hace menos de un lustro la inmensa mayoría de las compañías editoriales vislumbraron esta tendencia. Lejos de quedarse al margen reaccionaron y ya prácticamente cada empresa editora posee su plataforma educativa (donde compartir contenido, propio y ajeno).

Experiencias pasadas
Buscando una analogía, y haciendo un repaso a los medios de comunicación, las radios “temblaron” cuando se popularizó la Televisión como medio de comunicación de masas. Sin embargo, sucedió justo lo contrario: el seguimiento de los programas radiofónicos se incrementó. Hoy, con Internet, algo similar sucede cambiándose los hábitos en cómo consumimos información; y este hecho lo podríamos extrapolar al sector educativo: hoy los colegios han acercado al alumno una mayor cantidad de información por diversas vías; sí, efectivamente, es la educación colaborativa.

El libro no desaparecerá pero sí quedará abocado a cohabitar con otros soportes: desde los contenidos que puedan encontrar en Internet hasta otros que los profesores “adquieran” a colegas (eminencias) en cualquier país del mundo. Los docentes juegan –por supuesto- un rol indiscutible: explicar de manera entendible la cantidad de inputs que los alumnos hoy día reciben por distintas vías.