lunes, 10 de febrero de 2014

FIEBRE POR LO VIEJO

Desde hace pocos años diversos sectores de la sociedad miran con una sonrisa -y con gran nostalgia- objetos del pasado. Lo que hace una década denominábamos, simplemente, "antiguo", hoy es vintage. Y parece que gusta. Si usted posee un objeto de hace 3 ó 4 décadas en perfecto estado de revista -sea lo que sea- pasa de tener una antigualla (sin más) a un codiciado objeto vintage. Hay empresas que -a tenor de la fiebre por lo revival- dedican sus esfuerzos en "envejecer" sus productos. Algunas prestigiosas marcas de guitarras eléctricas venden sus modelos estándar y también ediciones vintage (éstas, ostensiblemente más caras).


En España, fruto de la melancolía y la nostalgia y al calor de alguna serie de TVE, relucen páginas web que rememoran el pasado de los que en la década de los 70 y 80 éramos niños. El éxito de estas web han derivado incluso en la edición de libros donde se compilan diversos artículos de aquellos años: desde cómo se rellenaban las loterías de fútbol a los Cuadernillos Rubio con el que la mitad de los españoles aprendimos a escribir y a sumar... Hace unos días, colgaban en su muro de Facebook cómo eran los parques infantiles. Llamaba la atención más los comentarios que la foto en sí. En la imagen se aprecia un columpio de hierro y una media luna donde los niños se colgaban cual murciélagos. Parte de los comentarios recordaban cómo  a veces los niños se caían y ese día volvían a casa con un diente menos (y con un chichón más); y otra parte de los comentarios expresan ese "antes no pasaba nada".

Probablemente el número de caídas sea casi igual en los parques infantiles en la década de los 80 que en la actualidad. La diferencia, la gran diferencia, es que a día de hoy esos parques son más seguros, eliminándose aristas peligrosas; construidos de materiales mucho más duraderos estando a la intemperie, evitándose el hierro para que no pueda llegar a oxidarse y ocasionar cortes en menores o en adultos.

Vaya por delante que esta tribuna de opinión no es ninguna proclama contra lo vintage (lo antiguo), y sí una bandera a favor de que los niños puedan desarrollar sus actividades al aire libre con la máxima seguridad posible. Si tiene usted más de 40 años seguro que -cuando era niño- habrá hecho largos viajes en verano en coches sin cinturón de seguridad, sentado en el sillón trasero, sin elevador ni silla homologada...Obviando la posible multa de tráfico, ¿se atrevería usted a realizar un viaje de 500 kilómetros un 1 de agosto llevando a su hijo en las mismas condiciones que hace 4 décadas?