jueves, 1 de agosto de 2013

LOS PADRES, FORMADORES DE LÍDERES

El mes de agosto es tiempo para el descanso, para el ocio. Desde Singladura te deseamos un feliz verano y te ofrecemos las conferencias íntegras efectuadas en la I Jornada de Expertos Educativos. A continuación, Don Enrique Ullecia Rodríguez, Doctor en Pedagogía, MBA por el IESE y orientador familiar, en “La implicación de los Padres en la educación de sus hijos.

“Durante mi vida profesional he investigado qué han hecho los padres que tienen hijos bien educados. Las instituciones educativas van a educar a nuestros hijos pero, jamás, van a sustituir a las figuras paternas y maternas; y lo que no hagan las familias no lo van a poder hacer los profesores. Para los padres, hay una conexión entre la plenitud a la que van a llegar nuestros hijos y la plenitud a la que nosotros (los padres) vamos a llegar. Los padres querremos que acaben madurando como personas responsables y que sean capaces de dedicarse a tareas en pro y beneficio de los demás. Por ello, la educación de los hijos lo he querido conectar con el liderazgo; porque muchas veces he podido observar –en mi propia carrera profesional-  a directivos cuyas dotes de liderazgo brillaban por su ausencia; y estas faltas de liderazgo tenían conexión con la falta de formación que había tenido la familia. En positivo, ¿qué disposiciones podemos desarrollar los padres para que nuestros hijos alcancen altas tasas de liderazgo?

Hay que distinguir entre varios tipos de liderazgo. Hay un liderazgo estratégico: personas altamente profesionales, con visión del negocio, con recursos financieros. Luego, hay un liderazgo denominado interpersonal: esa capacidad para relacionarse y comunicarse con nuestros semejantes. Pero hay un nivel más personal de liderazgo que es el liderazgo –valga la redundancia- personal, y que es la capacidad de autogobierno, de conducir nuestra propia vida  con independencia de las circunstancias que nos puedan rodear. Y este es el liderazgo que nos interesa a los padres, porque tiene una estrecha relación con la formación que dan las familias en casa. Esas competencias personales están muy vinculadas con la formación del carácter. Porque el carácter es - al final- lo que las personas son. Un buen carácter es cuando nuestros hijos conocen el bien, saben qué es el bien y procuran practicarlo. ¿Hitler fue un líder? Sin duda. Supo arrastrar a una nación entera con un proyecto. Pero, ¿es el mismo liderazgo el que tuvo Hitler que el que tuvo, por ejemplo, Martin Luther King, defendiendo la raza negra en Estados Unidos? Hay algo distinto entre ambos liderazgos, y esa diferencia conecta con la persona y conecta con la ética. Podemos afirmar que el liderazgo no es algo exclusivo de unos pocos afortunados, sino que es algo que se educa;  y que, principalmente, quienes lo educan son los padres. Por ello, he decidido investigar aquellas familias que –aparentemente- sus hijos tenían buenas profesiones, influyentes en sus entornos, con muchos amigos... ¿Y qué encontré en estas familias? Después de investigar durante mucho tiempo me salieron tres grupos bien diferenciados:
El primero de ellos dio pistas de por qué habían sido educados de una manera determinada. Un segundo grupo fueron los modos; y un tercer grupo, los resultados que se habían obtenido. En realidad salía una cuarta categoría, y que no eran más que los errores que habían convertido dichas familias. He de decir también que nunca me encontré con una familia 100% ideal (porque no existen), sino con familias que se han ido equivocando y aprendiendo de sus errores.

Tres nexos comunes
En cuanto a las causas de por qué estos padres educaron a sus hijos de estas formas, vislumbré tres causas principales: un amor ilimitado hacia sus hijos. Esto es algo que puede parecer evidente: que los padres amen a sus hijos; pero yo encontré en esas familias un amor ilimitado de padres que supieron ir transformándolo en un “amor dedicado”; y eso implica ya esfuerzo. Por otro lado, encontré en esas familias unas fuertes convicciones religiosas, un sentido trascendente de la propia existencia. Y creo que es -al final- una de las causas de cómo debemos actuar. Esas familias, en la educación de sus hijos, los padres veían como una visión importante el educar (bien) a los hijos. Y la tercera, una visión realista, ya que cuando estos padres iban a las tutorías, veían que les tenían que animar desde el Colegio.

Así, si unimos estas tres características: amor ilimitado, sentido trascendente de la vida y una visión realista, nos encontramos con unos padres que han perseguido la plenitud de sus hijos. La educación no llueve del cielo, hay que estar muy pendiente y muchas veces hay que adelantarse a determinadas situaciones..
Y hay acciones que los padres desarrollaron hacia sus hijos, por un lado, y otras acciones encaminadas a educarse a sí mismos. Los padres buscaban cómo dialogar con ellos, cómo supieron conocer cada vez más sus virtudes y sus carencias. También se preocuparon por buscarles el mejor entorno posible, especialmente preocupados por los amigos de sus hijos. Y no menos importante para estas familias fue la elección del colegio, que era un complemento a ese tipo de educación que ellos querían impartir. Y estos padres participaban de manera activa en la vida escolar de sus hijos. Por supuesto, también les preocupaba a estos padres el tiempo libre de sus hijos, saber qué actividades deportivas y/o culturales practicaban, etc.

Otro aspecto de vital importancia fue comprobar cómo estos padres supieron conciliar su vida familiar con su vida profesional, cómo procuraron mantener una coherencia durante su existencia, en base a determinados valores. Entre otros, una visión trascendente de la vida, la solidaridad y el servicio a los demás, la austeridad, el optimismo, la magnanimidad y el orden. 

A medida que los hijos fueron creciendo, éstos acabaron siendo lo que ellos querían. Los padres sólo les orientaron, con una formación, con unos valores...Pero han sido ellos los que, desde la libertad, han ido eligiendo.
Es importante, lógicamente, la unificación de criterios entre los progenitores para llegar al consenso.
Los resultados saltaban a la vista, con personas equilibradas, amigos de sus amigos, altamente profesionales y éticos. En estas familias destacaba el sentido de una gran unidad familiar. Así, los hijos, en lugar de irse de casa han sabido incorporar nuevos miembros (mujeres, nietos...)

Para lograr esto hay que tener en cuenta siempre a terceras personas en las decisiones que cada cual tome en su vida, la importancia de este tipo de motivación. Y es precisamente en la familia donde se adquieren las bases que van a permitir desarrollar esta motivación trascendente, que permitirá que nuestros hijos no sólo tengan en cuenta sus inquietudes económicas, sino también inquietudes de mejora personal, y que tengan en consideración a las restante personas con las que convivan.

Por resumir, los padres somos los primeros (y principales) formadores de líderes, y los hijos son en realidad la primera oportunidad que nos brinda la vida de comportarnos como líderes, y tener una mejora personal que permita esa transmisión existencial de valores. Por último, la formación de las familias es fundamental, bien a través de cursos específicos o mediante tutorías que puedan ayudar a estas familias en el ambicioso proyecto de formación de líderes.